38 Salón Nacional de las Artes del Fuego: Desenfado creativo y levedad estética
Si pensamos que editar un salón de arte por varios años consecutivos es aval suficiente para su valoración y aceptación, podríamos afirmar, entonces, que el reconocimiento del cual goza el Salón Nacional de las Artes del Fuego se debe a esta circunstancia. Circunstancia que sería altamente valorada en estos tiempos, dada la poca permanencia que los eventos de arte tienen en nuestro país. Larga es la lista de “Primer Salón de…”, “Primer Festival de…”, “Primera Bienal de…”, etc. Pareciera que en el ámbito cultural venezolano se tiene marcada vocación por la “primera y única vez”, en lo que a eventos culturales se refiere, a pesar de que cuando son inaugurados se promete su secuencia y proyección. Pero afortunadamente hay excepciones a esta tendencia. El Salón Nacional de las Artes del Fuego es una de ellas; pues durante 38 años, amalgamando posibilidades y limitaciones, logros y aspectos mejorables ha sabido mantenerse en pie a base de constancia en sus planteamientos y superación de sus propias metas en convocatoria, museografía y difusión. Hoy por hoy es una de las más preclaras cartas de presentación cultural de la Universidad de Carabobo.

Un rápido vistazo sobre la vigencia de los salones de arte en el país invita a hablar más en tiempo pasado que en presente. Pero esto tampoco pasa con el Salón Nacional de las Artes del Fuego. Este se mantiene en tiempo presente, hasta ahora “es” y se esfuerza por mantenerse en su “aquí y ahora”. La cantidad, calidad y particularidad de las sesenta obras de la actual trigésimo octava edición lo presentan como un ejercicio abierto de desenfado creativo, mediación reflexiva y levedad estética.

El desenfado creativo se aprecia en la libertad con la cual los artistas conciben y dan forma a sus obras, sin preocuparse por los viejos conceptos y esquemas positivistas bajo los cuales la academia tradicional clasificaba las artes. Ahora predomina la hibridación de técnicas y materiales que da nueva lectura a las obras. Técnicas tradicionales de cerámica y vidrio conviven con ensamblajes, collages y materiales industriales. Con absoluta libertad, pero con notable acierto, algunas obras concluyen en lo que ayer eran pasos o fases de un proceso. Intencionalmente quedan al descubierto texturas, coloraciones espontáneas y formas imprevistas mientras que se recrean espacialidades, reales y virtuales, cuando las obas se explanan en el piso o la pared.

Ante tales piezas, la noción misma de “artes del fuego” se reduce a una categoría conceptual que resulta insuficiente, para abarcar en ella, obras caracterizadas por una audacia creativa, formal y técnica. Surgen obras híbridas orientadas a la revitalización de la plasticidad y la estética mediante la integración armoniosa de cualidades propias de la pintura, la escultura y la cerámica. Las artes del fuego se reinventan en su artisticidad y visualidad.

La mediación reflexiva se ve instalada en la oportunidad que se dan los artistas para asociar sus obras con la interioridad, con vivencias de intimidad; así como con referencias, advertencias y críticas sobre el manejo del entorno natural y urbano. Recurrir al autorretrato, a la intimidad fragmentada, a referencias familiares y sociales, son elementos también apreciables en esta muestra. Se observan manifestaciones renovadas de las artes del fuego, figurativas o abstractas, que posibilitan la expresión de ideas, sentimientos, emociones y críticas. Los criterios de ornamentación y funcionalidad, a las que por mucho tiempo habían quedado reducidos la cerámica, la orfebrería y el vidriado, han ampliado su percepción y se han tornado mediación para la trasmisión de los secretos del psique.

La alusión a la levedad estética es otro aspecto notorio en varias obras, aterrizada en una suerte de constante perceptiva sobre lo sutil y aéreo. Formas simples y levitantes, de colores suaves y texturas delicadas, unifican varias de las obras de esta edición del salón. Se advierten elementos colgantes, relieves aéreos, transparencias y texturas matizadas en obras resueltas con vidrio, papel cerámico, accesorios, ornatos, etc.

En su conjunto, el 38 Salón Nacional de las Artes del Fuego parece crecer en experimentación y expresividad antes las limitaciones para obtener materiales e implementos específicos para el trabajo con arcillas, vidrios y metales. El uso experimental e integrado de materiales no convencionales, aunado a la incorporación de posibilidades de la tecnología y la informática, determinan la percepción general de esta edición del Salón carabobeño.

Obras ganadoras
Las ideas anteriores dan marco interpretativo a las obras favorecidas con los premios. El gran Premio 38 Salón Nacional de las Artes del Fuego 2011, otorgado por la Universidad de Carabobo, recayó en la obra de Tatiana Tischenko, titulada “Fuera de contexto y punto”. Un conjunto de diez piezas de dimensiones variables asociados con accesorios femeninos. Destaca el uso de la parte estructural interna de las canillas metalizadas empleadas en los ductos de lavamanos. Se aprovecha la densidad de sus texturas y se complementan con pequeñas placas de plata repujada a modo de adorno de cada pieza. La singularidad de estos collares, anillos, pulseras se extienden sobre la pared a modo de formas caprichosas y relieves inesperados que retan las nociones convencionales de orfebrería y joyería.

La singular instalación vítrea de Manuel Castro titulada “Cuarenta y dos”, fue distinguida con el Premio del Instituto de las Artes de la Imagen y el Espacio (IARTES). En coherencia con la experimentación de su trabajo anterior, Castro a partir de varios autorretratos fotocopiados, vistos desde ángulos diversos y detalles fragmentarios, transferidos a láminas de vidrio termoformado, organiza un conjunto de cuarenta y dos piezas de tamaño similar. Los variados detalles del rostro y las curvaturas dadas a cada elemento dan riqueza compositiva y perceptiva al conjunto. Las expresiones del rostro complementadas con amarras, números, signos o con la mano colocada en diversas posiciones, reflejan una aproximación a sentimientos de interioridad e identidad personal.

El Premio que otorga la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado Carabobo fue para Cecil Valera por su obra “Introducción a lo nuevo”. Una hermosa y delicada construcción integrada por varias varillas de vidrio coloreado trabajadas al soplete. El conjunto de varillas de cristal se disponen de modo independiente sobre dos ejes metálicos que favorecen una variada disposición y direccionalidad que remarca el carácter aéreo de la estructura y el sentido levitante y delicado del conjunto.

Irma Antonorsi con la obra “Un pedacito de cielo” recibió el Premio Cerámica Carabobo: Una delicadísima pieza en su estructura, colorido y materialidad configurada por varios elementos elaborados en papel cerámico de forma ovalada irregular, a modo de nubes simplificadas, dispuestas de forma apaisada en la pared. Es quizá la obra que mejor refleja el sentido de levedad estética antes comentado. La observación de la pieza invita a la serenidad, la interioridad y el reposo.

El Premio otorgado por la Alcaldía de Naguanagua fue para la obra “Transverberación” de Giovanni Paseri. Una obra configurada en vidrio, acero y vitrofusión, que se ha deslastrado de la base como soporte seguro y rígido para erigirse como una pieza aérea que logra disimular el peso del vidrio y simultáneamente atrae por los múltiples colores encapsulados que hacen de esta obra otro ejemplo de la constante levedad estética que caracteriza esta edición del salón.

Ana María Nava se hizo merecedora del Premio Bolsa de Trabajo “Ángel Ramos Guigni” que otorga el Ateneo de Valencia, por su obra “Calma / Tormenta”. Dos módulos de casting de vidrio bullseye de formato rectangular y bordes caprichosos atrapan en dos tonalidades, azuladas y violetas, la referencia al sentido calmo y agitado a que remite el título. En ambos fragmentos, texturados en su anverso y lisos en su reverso, las sinuosas manchas de los matices de color recrean una suerte de paisajes imaginarios y poéticos que evocan formas diversas en su percepción y emotividad.

“Torres de Babel” de María Esther Barbieri, se hizo acreedora del Premio Ciudad de Valencia. Una obra que da continuidad al trabajo reciente de esta artista. Mediante el uso de papel de porcelana, calcomanías cerámicas y esmaltes de alta temperatura recrea treinta y dos piezas que reproducen las formas y texturas de cestas tradicionales indígenas dispuestas una dentro de otra en siete columnas. El color blanco que domina el conjunto se ve interrumpido por motivos geométricos destacados en negro. La totalidad del conjunto se realza por la delicadeza de la ejecución, la aparente fragilidad del material y el sentido ascendente de las formas.

Reconocimientos
Los reconocimientos de la Asociación Venezolana de las Artes del Fuego (AVAF) recayeron en obras significativas por su concepto, referencialidad y procesamiento técnico. El sentido intimista, la crítica social y la referencia identitaria caracterizan la obras en cerámica “Escena objetual N° 2”, de María Fernanda Guevara, la pieza de orfebrería “En buen rumbo”, de Alejandra Álvarez Fabro, la obra en vidrio “A metra llados”, de Ivonne Capecchi y el “Collar indígena”, en esmalte sobre metal, de Beatriz Valladares.

El reconocimiento del Grupo de Investigación VITRUM fue para la obra “Doppler ultrasound”, de María Yoraima López, mientras que Cristóbal Ochoa obtuvo el reconocimiento de la Asociación Carabobeña de las Artes del Fuego (ACAF) por la obra “En la pobreza y en la riqueza…”

Es de hacer notar que el jurado en pleno concedió un merecido reconocimiento especial a la maestra Josefina Álvarez, por su aporte conceptual y técnico ofrecido durante su larga trayectoria docente y por la consolidación de la cerámica artística en Venezuela.

Definitivamente, el Salón Nacional de las Artes del Fuego se erige como uno de los eventos de confrontación artística y experimentación plástica con creciente posicionamiento y reconocimiento en el contexto de las Artes Plásticas de Venezuela.

Gabino Matos
Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)
Capítulo Venezuela.
Septiembre, 2011