Conferencia: auge y caída del arte moderno
por Alejandro Oliveros

INTRODUCCIÓN:
Nadie sabe cuándo termina un siglo y comienza otro. Las convenciones cronológicas no son de mucha ayuda. Es un acuerdo casi general, que el XX nació en 1918 en el ambiente nefando de las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en un parto que se postergó por dieciocho años. Los sobrevivientes de aquella catástrofe no tenían conciencia de que inauguraban una nueva centuria cuando se silenciaron los cañones en el frente occidental. Y esta es un circunstancia reiterada: no se sabe cuándo comienza un siglo. Ni siquiera nosotros, protagonistas de una era super-informada. ¿Cuándo llegó a su fin el siglo XX? Si de algo estoy seguro, es que su partida de nacimiento no fue expedida el 31 de diciembre de 1999. El cambio de siglo es tan imperceptible que no son pocos los que piensan, como en 1918, que todo sigue igual, que no hay diferencias entre un siglo y otro, que se trata de una sistematización arbitraria. Son los distraídos, los que pasan por el mundo con el piloto automático encendido.

Pero es mucho lo que ha cambiado. Algún observador podría afirmar que el XX comenzó tan tempranamente como 1989, con el derrumbe del Muro de Berlín, máximo atributo del llamado socialismo real. Y, en verdad, es una opinión que no es del todo aventurada. Nunca fuimos los mismos después de aquella noche memorable cuando la alcabala “Charlie” fue desbordada por unos berlineses tan incrédulos como nosotros mismos, mudos observadores de CNN. Para otros, el veinte habría nacido después, hace justo diez años, cuando, en la más inimaginable de los operaciones terroristas, se vino abajo el World Trade Center, símbolo de la estabilidad de la seguridad imperial norteamericana. El mundo ya no sería el mismo después de ese día asiago de septiembre, con las imágenes inimaginadas en las pantallas televisivas de medio planeta. Un tercer observador, uno de esos conciliadores fáciles que nunca faltan, se presentará para decir que el siglo XX se enfermó en 1989 y murió en 2001, después de una penosa enfermedad. Aún otras opiniones son posibles, porque nadie está seguro de cuando comenzó el siglo XXI, de verdad.

Lo mismo ocurre con los movimientos artísticos. Ni siquiera podríamos afirmar cuándo comenzó el Renacimiento, el más documentado de los períodos. Y lo que es cierto para el arte renacimental lo es, con más razones, para el arte moderno. Sólo contamos con una certeza: el arte moderno, tal como lo conocimos durante décadas, ha dejado de existir. Y, del mismo modo que no podemos señalar cuándo terminó, cuando el arte moderno dejó de ser moderno, tampoco podemos precisar cuando comenzó. Opiniones no faltan, por supuesto. Y así, algunos estudiosos, con argumentos tan brillantes como refutables, se remontan hasta la época del gran David, el cronista de las glorias napoleónicas, entre otras glorias, para fijar el origen del arte moderno. Nosotros no iremos tan lejos, y nos contentamos con señalar a Manet y el París del siglo XIX Haussmann), como el artista y la época que inauguraron la modernidad.

En términos históricos, toda escogencia es arbitraria, y la nuestra no lo es menos. Igualmente improductivo sería proponer una obra o un artista que señale el fin del arte moderno. ¿La “Merda d’artista” del malogrado Piero Manzoni? ¿Alguna irreverencia de Joseph Bueys? ¿Las “banalizaciones” de Warhol? Es irrelevante. Lo que es un acuerdo general, sin embargo, es que en algún momento impreciso comenzó la producción de un arte que, de la manera más irreverente e inesperada, comenzó a alejarse de los grandes postulados del arte moderno (seriedad, ejercicio crítico, demiurguismo, heroicidad, evolucionismo, confianza, responsabilidad moral, predeterminismo). A tal punto habría de ser devastadora esta actitud, que alguien se sintió en la necesidad de llamar post-modernista la nueva manera de ejercer el arte. Y desde entonces comenzamos a contemplar el arte de la modernidad como un acopio de ruinas, las únicas ruinas que tenemos (TJ Clark). Del mismo modo que las de Roma lo fueron para los espíritus del Renacimiento y la Ilustración.

El objetivo central de nuestro curso, AUGE Y CAIDA DEL ARTE MODERNO, es mirar otra vez, y desde aquí, desde los comienzos de un siglo que nadie sabe cuándo comenzó, lo que conocimos como modernidad y lo que produjo a nivel material en la forma de obras de arte. Pero el arte no muere, ni siquiera se transforma. Sencillamente se hace nuevo de la manera menos predecible. Tan ajena parecía la pintura de Manet a sus contemporáneos, como las de los artistas post-modernistas al público que frecuenta hoy galerías y museos en todo el mundo. La idea que nos anima es la de una visión retrospectiva que nos permita, en un segundo ciclo de sesiones, acercarnos al arte de nuestro presente. Aquí tal vez sea válida, y necesaria, una cita del italiano Achille Bonito Oliva, uno de los más agudos conocedores de lo que coincidimos en llamar post-modernidad:

La duda en nuestra época es la de la post-modernidad, prefigurada por Nietzsche como el tiempo de lo irrelevante, de la abolición del valor de la cosa en sí misma. El tiempo de la vida inmediata, que viene a sustituir al del espíritu absoluto, con su inevitable fragmentación de la imagen. El triunfo de lo relativo, la eliminación de la seriedad y lo
trágico; la afirmación de lo efímero, lo ilusorio, lo divertido.


Entender el Auge y Caída del arte moderno es la vía más directa para entender el arte contemporáneo.

TEMAS
Lunes 10 de octubre, 7:00pm.
1.
Orígenes del arte moderno. Triunfo “definitivo” de la burguesía y auge del socialismo. La ciudad moderna como proyecto político excluyente. París de acuerdo al barón de Haussmann. Les “grandsboulevards” y una división paradójica del plano urbano: a la derecha los obreros, a la izquierda la alta burguesía. Un síntesis dialéctica: aparición de la “petite bourgeoisie”, la futura clase media. Radicalización de la protesta, del socialismo utópico a la dictadura del proletariado. Colapso de la república comunista (Comuna) y consolidación de la república burguesa, que es la Francia de los últimos cincuenta años. Vista de la ciudad desde las alturas de un sexto piso: Caillebote. Muerte de la perspectiva clásica (Brunelleschi, Alberti) y aparición de la perspectiva “aérea”. El arte pictórico del Lejano Oriente y el nacimiento de la “dimensión plana”. Ya no hay vuelta atrás. Manet, el impresionismo y la superación de la pintura retiniana “reducción de la pintura a un asunto de ideas”. La búsqueda de Arcadia por Cezanne, Van Gogh y Gaugin. Las fantasmagorías de Seurat. Todo listo para cuando llegue Picasso. La hipertrofia wagneriana cuestionada por la “música chiquita” de Erik Satie. Belleza agónica de la belle époque.

Lunes 17 de octubre, 7:00pm.
2.1
De Cezzane a Picasso. El sexo como piedra fundacional de la pintura del siglo XX; promiscuidad en “La gran Bañistas” ( Barnes Foundation) y violencia sexual en “Demoiselles d’Avignon”. Freud se incorpora, sin saberlo, a la gran aventura del arte moderno. Lo que es inconsciente en Cezanne, es demasiado consciente en Picasso: sublimación y catarsis. Crisis del ideal de belleza grecolatino. El rostro humano, su representación, se libera del canon de Policleto. Lo feo como una forma de lo bello. Una epifanía necesaria: la difusión, e imitación, del arte primitivo. El cubismo y su escritura. Diversas apariencias del cubismo, razón y poesía: de Juan Gris a los Delaunay. La poesía cubista de Apollinaire. La disonancias es la música del “futuro”, de Stravinsky a Alban Berg.

2.2 El genio de Marinetti, todo está en el futurismo: “modernolatría”, una religión de la novedad, lo original y la velocidad. Un carro de carrera es más bello que la Venus de Samotracia, la estética de la máquina, el dinamismo plástico, intuición e inconciencia creativa, el espectador en el centro del cuadro, luz eléctrica como decoración, las palabras en libertad, una estética de lo cotidiano”. Esto, y más, en 1909. Diversos desarrollos del futurismo. Dadá en Zurich; el surrealismo en muchas partes, Duchamp en París y Nueva York y, más reciente, Adrián Ferrá en Roses (Cataluña). Cocina y moda futurista. La música “modernista de John Cage cincuenta años después de Marinetti. Constanza y la Suite para piano de juguete: “Sure her music is more beautiful than mine”.

Lunes 24 de octubre, 7:00pm.
3.
Expresionismos. El fauvismo y la invención de nuevas armonías cromáticas. El arte moderno llega a Alemania, un “asalto a la razón” donde el mito desplaza con violencia al logos. Los antecedentes de Munch. El expresionismo alemán es un “emocionalismo alemán”. El violento lirismo de Nolde y Kirchner. El rechazo a la ciudad y el hallazgo de Arcadia en la Alemania del siglo XX. Fracaso de la penúltima utopía (la última, en el siglo XX, fue el movimiento hippie). Regreso a la ciudad en ruinas, Beckmann, Dix, Grosz. Prefiguración de la catástrofe. El desengaño de Kokoschka. Lírica (Trakl, Benn) y música (Schoenberg) expresionistas. De un expresionismo figurativo a uno abstracto.

Lunes 31 de octubre, 7:00pm.
4.
Abstraccionismos. Malevitch y el blanco sobre blanco. “Action Painting”, la violencia de Pollock, el surrealismo de Gorky, las meditaciones de Rothko y el abstraccionismo pop de Stella. La nueva Escuela de París (Vieira da Silva, Mannessier, Hartung, De Stael, Soulages) El abstraccionismo geométrico, op-art y cinetismo. El neo-abstraccionismo de Gerhard Richter y el neo-expresionismo de Anselm Kiefer. La abstracción en arquitectura y diseño, la Bauhaus.

Inversión: Bs. 1.000,oo (cupo limitado)
Incluye: 8 horas académicas, certificado de asistencia, material de apoyo, brindis final.