Alberto Asprino entrevista a Laura Palazzi
La cerámica venezolana hoy día, en pleno Siglo XXI, ha experimentado cambios sustanciales, no solo desde el abordaje de la técnica sino también en la forma de crear y concretar el hecho plástico.

Sin dejar de reafirmar su propia identidad y reconocer a sus antecesores, una generación emergente de creadores ha venido fortaleciendo desde la postura individual ese sentido libertario que como todo hecho artístico la distingue, permitiéndose buscar como más ahínco la aventura e imperiosa necesidad de originar genuinos -y auténticos- espejos del ser.

Laura Palazzi desde esa perspectiva, ha podido explorar el medio cerámico entendiendo que más allá del fuego que la origina, esta ese sentir que impulsa todo aquello que busca como exploración personal y creativa.

Alberto Asprino: ¿Por qué te identificas con la cerámica como necesidad expresiva y no con otro medio?

Laura Palazzi: Al principio me motivó la curiosidad por el dominio de procesos de trabajo con el barro, el dominio técnico del torno, los diferentes procesos de quemas, los esmaltes, observar y recabar los resultados de todos estos procesos; no como producto final, sino como efecto para hacerlo diferente a lo realizado. Poco a poco fui encontrando que el barro o la porcelana ligada con pulpa de papel, es decir, el papel cerámico, me permitía romper con ciertos aspectos técnicos y acercarme a cualidades más plásticas de textura, de densidad, de fragilidad, durabilidad del material y transparencia que me permitieron romper con el proceso técnico; generando otras formas de trabajo y de presentar el elemento cerámico fragmentado, o un volumen o un plano que se lea como cerámica, pero desligada de la presentación tradicional del objeto cerámico.

AA: En tu formación profesional se destaca un particular énfasis el manejo de todas aquellas “disciplinas” en las cuales el fuego es factor fundamental en la concreción de la obra, por ejemplo, el vidrio, la orfebrería, el esmalte sobre metal y muy específicamente la cerámica. ¿Cuánto hay de tensión y entrega en todo el proceso que conlleva la materialización de la búsqueda plástica?

LP: Familiarizarme con las disciplinas de las Artes del Fuego ha sido algo natural, debido a que provengo de una familia que por generaciones han sido orfebres; así que dos de estas disciplinas, orfebrería y esmalte sobre metal no han sido causantes de tensión, como lo ha sido el vidrio y más aún la cerámica. En mi búsqueda, abandoné el vidrio como objeto plástico para convertirlo en accesorio y me amarré a la cerámica, para mi es el material que hasta crudo puede expresar y aportar más en esa búsqueda, nunca hay un resultado igual y esto me identifica con mi posición hacia el trabajo.

AA: ¿En qué inviertes más tiempo, en la rigurosa preparación de los materiales o en el vivenciar aquello que te motiva como indagación plástica?

LP: En mi espacio taller, el tiempo transcurre en un disfrute consciente de que cualquier modificación en la preparación del material o del proceso va a producir un resultado diferente, el producto o resultado final, es decir, ese fragmento lineal que caracteriza el conjunto de mis trabajos, es único y va a formar parte de un conjunto en una composición por contraste o por armonía, para mí no es importante si el proceso, material o técnica esta aplicado correctamente, aprendí a hacer para deshacer y obtener resultados para construir una nuevo sentido estético de la cerámica.

AA: En tu trayectoria de los últimos diez años se observa claramente que la obra ha procesado un vuelco sustancial. Se siente más liberada de la rigidez técnica, mucho más abierta a la exploración, más conceptual, relajada si se quiere. ¿Qué tanto te han aportado esos avatares existenciales que te han acompañado y permitido asumir retos personales?

LP: Mi personalidad ha sido el motor de estos saltos al vacío, que me han llevado a vivencias y a través de estas experiencias obtener conocimientos, parámetros o reglas de trabajo importantes para comprender y expresar el objeto cerámico desde mi perspectiva. Dos experiencias fueron liberadoras de este proceso que venía sin orden o disperso, el Artist Residence en Alemania, Höhr Grenzhausen y gracias al grupo Trialog y la Ruta de investigación de la Locería popular Venezolana, de lo más puro de la forma del tratado con la porcelana a lo más genuino del barro cocido por las leñas de mis loceros.

AA: La Región Capital, Carabobo y Bolívar, han sido escenarios territoriales donde te ha tocado asentar tu espacio de trabajo. ¿Esa "casa portátil" del vivir y el crear se lleva a cuesta o has hecho borrón y cuenta nueva en cada mudanza de vida?

LP: Yo he aprendido a entrar y salir a esos espacios o mejor dicho a esas “casas portátiles”, en cada espacio he aportado, he construido acciones hacia un colectivo, desde lo personal, con amigos, nuevos escenarios, y todo sigue conectado desde la distancia y de alguna manera regreso a ellos presentando la obra en una exposición, por un proyecto individual o colectivo, en charlas o talleres y si no, de visita a los amigos. Las “Casas Portátiles” no están muertas, son espacios vivos de recuerdos, de entrega, de construir y compartir, ellas siguen creciendo conmigo y el trabajo.

AA: ¿Como procesas esos cambios considerando que el paisaje emocional de tus parajes creativos, sin duda se trasmutan en tu trabajo?

LP: Ese es mi secreto, el proceso creativo se transmuta con frases, escritos que acompañan mi hacer creativo, en lecturas visuales o literales, el reto de solventar las dificultades y hacerlas ganancia para mi trabajo, apoyarme en gente nueva y observar realmente, “observar” las ventajas de ese espacio. Hoy día vivo un reto con mi tiempo, pasado y presente planteando un futuro de cambios inmensurable en lo personal y en mi trabajo, puedo afirmar que lo que se ve en estas piezas pertenece a un proceso de transición entre la casa portátil de “Valencia” y la nueva casa portátil “Puerto Ordaz” de ahora, el presente está por verse.

AA: Después de pasar por un proceso investigativo complejo y por demás exigente, se percibe que lo técnico se ha decantado, se percibe mas control estético, no sin dejar de reconocer que la alianza con el fuego es una suerte de "matrimonio por conveniencia". ¿Te libera ciertamente el darle la vuelta al componente tecnológico?

LP: Para mí el aspecto técnico es un juego de variables, y cuando digo juego, es que disfruto. Los materiales son juguetes, los cuales voy a someterlos a pruebas de todo tipo, lo difícil es componer con esas variables obtenidas, eso es mi motivación y ese es el juego sabroso, ver como un color se transforma al lado de otro o descubrir que lo que habías aprendido con respecto a un color se sustituye por otro, o como el largo y el grosor de un fragmento puede ser movimiento o volumen, construir planos y direcciones con elementos no cerámicos e integrarlos en armonía, esto es lo sabroso, nadie se puede imaginar lo que hay en mi cabeza antes de realizar una de estas piezas, es un juego organizado de colores, texturas y tamaños y como si lo hubiera hecho antes, entonces comienzo a armar esa fragmentación de elementos plásticos, textiles y cerámicos, es una locura que se vive una vez y queda plasmada en cada obra.

AA: ¿"El equipaje está listo", obra con la que ganas en 2004 el Primer Premio del Salón Nacional de las Artes del Fuego, se puede considerar un autorretrato hoy?

LP: Sólo alguien que me conoce puede saber la profundidad de esta pregunta, no es fácil responderla al público, porque esta obra no es un premio, es eso, un autorretrato, que como el de la Mona Lisa en el Museo del Louvre, será para mí o al público general una imagen o volumen en estado presente.
AA: Nuevos materiales recrean el cuerpo de tu obra reciente, además del emblemático papel cerámico que te distingue, destacas el uso de los hilos, mallas, nylon y objetos reciclados, otorgándole a tu obra nuevos espacios contenedores de luz y color, generando una sensible urdimbre visual que sugiere "meterse en la obra". ¿Cómo logras orquestar el equilibrio de tan disímiles elementos?

LP: El equilibrio, me pregunto si existe equilibrio. El hacer estas piezas comienza con la claridad de lo que estoy buscando, en cada cuadro o en cada plano hay una búsqueda distinta, más que equilibrio, es dar una connotación plástica a lo que por su unidad y presentación simple no lo tiene, por ejemplo: si tomas un palito de cerámica y tratas de sacar lo plástico de ese objeto, obtendrás nada, pero si observas sus características de color, textura, grosor y además tomas un hilo por su color, textura y grosor y te preguntas, ¿cómo lo hago?, para mi ningún elemento utilizado es casual u obedece al azar, lo tomo, lo estudio y luego lo ejecuto, mi trabajo y la integración de los elementos no está sujeto a la técnica de moda o al estilo que se vende, yo sé lo que estoy buscando y cuando lo logro es muy satisfactorio y único.

AA: En tu exploración de la forma, el volumen también se percibe un tanto complejo. Experimentas la saturación del plano, jugueteas con las texturas, con el volumen abierto, cerrado o contenedor, creándole palpitaciones internas. Le brindas pieles coloreadas, amalgamas los materiales, sales del plano para abordar lo instalativo. ¿Acaso no vuelves a retratarte en tu obra más reciente?

LP: El acto creativo en el cual desarrollo mi trabajo define una de las facetas de mi filosofía de vida o creencias, y es el ver o percibir que todo tiene una fuerza interna y externa, en todo objeto, acción, sentimiento o pensamiento hay dos fuerzas que configuran un plano interno y uno externo, y expresarlo tal como se percibe en la obra me define como “YO” observo, percibo y refiero en imagen la intensidad de lo vivido. El espacio como instalación aborda esa noción espacio-tiempo, lo defino en color, en masa, con repetición, por ejemplo: Manicuare, fue un reto personal que resume un homenaje a esos días vividos por los loceros de esa zona, pero también representa cada día de elaboración de esa pieza, que lleva consigo cada momento en el que yo recogía de un espacio esa hoja que por sus características la hace única y la transformo en objeto cerámico, luego en ese montaje de masa, en un espacio que hace referencia a un paisaje, llevo dentro de mí eso que me motivó y que no es visible al público, allí también hay esa dualidad interna y externa.

AA: Paralelamente a tu trabajo plástico, te has involucrado en la docencia, logrando tenazmente concretar proyectos académicos de gran envergadura. Te paseaste por todo el territorio nacional buscando en nuestras raíces alfareras la verdadera dimensión del trato con el barro, y por si fuera poco, tus descubrimientos personales lo conviertes generosamente en más enseñanza. ¿Qué te reservas en el fondo para ti misma en todo este proceso investigativo?

LP: La “vivencia”, el contacto con estas experiencias es un sentir que por más que trate de expresarlo no describe la dimensión de cómo me afecta o cómo genera ese movimiento interno que me motiva exteriorizarlo. Yo te puedo decir que lo que sentí el primer día de clase del Diplomado de las Artes del Fuego, sentada en la parte trasera del salón y ver en marcha esa idea en acciones y por otros intérpretes, fue indescriptible, y ver los resultados en el tiempo de ese programa es inmensurable, cómo puedo expresar todo lo que siento, pienso o aprendo cuando observo los colores de una puesta de sol o una simple flor, eso es mío y es lo que me llevo, lo que me motiva expresarlo es el deseo del compromiso de dar lo mejor de mí, porque aprendí que compartir es crecer desde lo individual al colectivo y viceversa.

AA: Domenica Aglialoro, Isabel Cisneros, Ramsés Larzábal, Adolfo Morales y tú misma, como generación cercana, le han brindado a la cerámica renovadores cambios e importantes aportes, consolidando nuevas lecturas y formas de apreciación. ¿En lo personal cuáles son tus referentes en el arte venezolano?

LP: En el transcurrir del tiempo he cambiado ese referente, sin embargo mantengo constante ese nexo con Colette Delozanne, Roger Sanguino, Seka, Mercedes Pardo, Soto, Cruz-Diez y por supuesto los mencionados en la pregunta. De ellos refiero la disciplina de trabajo, el acercarse al color en diferentes dimensiones o posturas, el objeto como elemento plástico en un espacio. El romper con lo establecido.

AA: ¿Si tuvieras que hacer un cambio radical en tu trabajo, encogerías de nuevo el campo cerámico como fuente inspiradora y sustento de vida?

LP: La cerámica y conocer ese mundo con sus manifestaciones, procesos y personajes ha sido una elección de vida muy hermosa y vivida, pero si tuviera que escoger un cambio radical como fuente inspiradora y sustento de vida haría algo diferente, estoy segura de ello.

Laura Palazzi, cercana en estos tiempos a la vertiginosa energía del Orinoco y en medio de su región de origen, recrea una obra vivaz, rica como refugio de emociones. Aquellas que procesa desde su propia realización humana, también desde aquellas otras que teniendo como epicentro el arte, se prestan a buscar en el otro auténticas y significativas transformaciones del ser.

Alberto Asprino, 2011