ECCE HOMO. Continuidad figurativa en la colección del MACCSI

El hombre es la medida de todas las cosas
Protágoras

 El puesto del hombre está en el medio entre los dioses y las bestias ...
Plotino

 La grandeza del hombre está ( ...) en que es un puente y no un fin ...
F. Nietzsche

Interrogando lo humano

Lo humano ha sido tema de reflexión en todas las culturas y épocas, incluso en una era como la nuestra, saturada de prodigios tecnológicos, pero incapaz de calmar el profundo malestar generado por conflictos y ansiedades aún insolubles. Desde esta óptica, el individuo permanece atrapado entre la razón y el instinto, entre la norma y el deseo, entre la afirmación de su albedrío y la culpa. Esa tensión perenne donde el «yo» se enfrenta al mundo expresa una interrogación en torno a lo humano y su destino, movilizando las sensibilidades más diversas y contradictorias.

Ya en su momento, el humanismo renacentista y el iluminismo francés potenciaron, cada uno a su modo, la trascendencia de lo humano, buscando alternativas frente a la concepción teocéntrica y afirmando los derechos del hombre. Por su parte, el nihilismo, el psicoanálisis y el existencialismo constituyen tres de las corrientes de pensamiento que mayor atención han prestado a la reflexión sobre el tópico en cuestión; el primero desde la interrogación del ser, el segundo a partir de los arquetipos inconscientes de la personalidad y el tercero intentando fusionar las perspectivas psíquica y la social. A ello se suman los estudios de la antipsiquiatría, la filosofía crítica alemana nucleada en torno a la Escuela de Frankfurt y, más recientemente, el énfasis de la corriente postmoderna en la fragmentación del sujeto. Ello conforma un cuerpo de pensamiento que ab orda la complejidad de los asuntos humanos partiendo de diversos perfiles, a lo cual se suman exploraciones arraigadas en los movimientos sociales de nuevo tipo que luchan por reivindicaciones sexuales (feminismo) y étnicas (estudios postcoloniales) a partir de re-lecturas actualizadas de las representaciones colectivas y los procesos identitarios.

En cualquier caso, la idea del hombre no solo se refiere a aquellos atributos físicos o psíquicos que lo distinguen, sino también al espacio social y cultural que lo acoge, a los valores que conducen su comportamiento, a la relevancia de sus obras y a su voluntad de trascendencia más allá de la finitud de la existencia. Esto tiene un efecto en la cultura espiritual de la humanidad, dejando su testimonio en la imagen artística, vestigio especular de una subjetividad que se interroga compulsivamente para mostrarse aún en sus perfiles más grotescos y desdeñables.

El arte: entre la sensibilidad y la razón

En su célebre y controvertido libro El estilo y el grito , Michel Seuphor esbozó dos de las principales orientaciones de la sensibilidad artística en occidente; es decir, la voluntad de expresión y la búsqueda de un orden centrado en la medida y el equilibrio. Algo, por cierto, no muy diferente a lo expuesto por Frederic Nietzsche cuando planteaba la contraposición entre lo apolíneo (la razón) y lo dionisiaco (la intuición) en la tragedia antigua.

Estas pulsiones contrarias encuentran una de sus manifestaciones más evidentes en las artes visuales de finales del siglo XIX , a propósito del postimpresionismo, movimiento en el cual se incubaron algunas de principales tendencias de la pasada centuria. Ya en los trabajos de Paul Cézanne y George Seurat se adivinaba el proyecto de una «ciencia de la pintura», mesurada, administrada por la inteligencia y profundamente razonada; mientras Paul Gauguin y Vincent Van Gogh transitaban un sendero más subjetivo y provocador, gobernado por un cromatismo exacerbado, resuelto a romper con el arte canónico y los valores sociales dominantes.

De aquella bifurcación aún vigente se van a alimentar corrientes de signo opuesto; de un lado el neoplasticismo, el cubismo y el futurismo; del otro, el expresionismo alemán y el fauvismo francés. Claro que esta disyunción de sensibilidades va a tener consecuencias posteriores, ya avanzado el siglo XX , cuando aparecen (o siguen su ruta) el constructivismo, el minimalismo y el neo-geometrismo; mientras emergen con propósitos distintos la nueva figuración y la trasvanguardia internacional .

A pesar de la aparente no reconciliación de ambas orientaciones, el propio Seuphor señala que se trata, en realidad, de momentos complementarios en la actividad creativa, pues con frecuencia se aprecian combinaciones más o menos equilibradas de ambos componentes como sucede en el caso del expresionismo abstracto. Lo innegable, sin embargo, es que ambas perspectivas (y sus posibles variantes) ofrecen visiones distintas del hombre, enfrentándolo, ora al drama de la existencia ora a la posibilidad de un mundo utópico. En el caso específico de la corriente figurativa, lo humano se expone a una tensión permanente que lo obliga a rebelarse, defenderse o enfrentarse a una realidad insatisfactoria.

Continuidad figurativa

Generalmente se asocia la figuración con las tendencias de corte expresionista que se vinculan a los medios tradicionales (pintura, escultura, grabado). Sin embargo, esta búsqueda se ha extendido a los lenguajes de renovación asociados a la fotografía, el objetualismo, la instalación, el video y el arte multimedios. Basta con referir la ingeniosa elaboración de autómatas electrónicos de apariencia homínida por Nan June Paik y la manera poco convencional en que Sindy Sherman asume la estética del retrato.

ECCE HOMO. Continuidad figurativa en la colección del MACCSI reúne un conjunto de proposiciones pictóricas, escultóricas, gráficas, fotográficas y de instalación que abordan las representaciones corporales desde distintos ángulos, intentando desentrañar el significado de lo humano en su dimensión más dramática. Sujetos deformes, quebrantados por un grito milenario en los que está presente una interrogación permanente sobre el destino de lo humano; sus ansiedades, dudas y deseos postergados. Caras marchitas y deformes, cuerpos contorsionados y miembros cercenados que hablan de una humanidad inconclusa, que se debate entre una mismidad caotizada y una férrea normatividad colectiva o que siguen un impulso devocional.

A la muestra concurren obras de artistas nacionales e internacionales, provenientes de diversas tendencias y lenguajes cuyo signo recurrente es el cuerpo humano como vehículo simbólico de una condición humana sometida a escrutinio. Los trabajos se agrupan en tres núcleos de interés; a saber, Máscaras y personajes , la Mismidad fragmentada y la Omnipresencia de lo sagrado , aspectos que constituyen ámbitos de indagación recurrentes en el arte contemporáneo.

Máscaras y personajes

Este núcleo incluye retratos, autorretratos y personajes anónimos, cuya motivación no se limita a la representación mimética del parecido físico, sino a la proyección de emociones recónditas. En vez de circunscribirse a la apariencia de un rostro, se intenta revelar el significado oculto de los comportamientos y estados de ánimo. De ahí que las figuras adopten una expresión teatral, cercanas a lo caricaturesco. Todo ello es canalizado en las propuestas de Francis Bacon, Lucian Freud, José Luis Cuevas, Antonio Saura, George Segal, Fernando Botero, Francisco Javier Valdés, Jacobo Borges, Marisol Escobar, Gaudí Esté y Adonay Duque.

La mismidad fragmentada

Los trabajos que componen este grupo se refieren al desmembramiento metafórico de la subjetividad por medio de la desarticulación anatómica. Es así como el cuerpo fraccionado remite a la idea de un «yo» dividido, cuya integridad ha sido vulnerada. Órganos, articulaciones y partes del cuerpo desencajados de su sitio o desconectados de su función natural, como alegorías del pensamiento (la cabeza), la locomoción (el pie), la incomunicación (las manos), la fertilidad (el vientre), etc. El individuo cercenado es la expresión de una nueva y avasallante «economía del cuerpo» que genera identidades fragmentadas. Entre las obras que abordan esta problemática se encuentran las de Marcel Duchamp, Larry Rivers, Rafael Canogar, Baltasar Lobo, Cornelis Zitman, Edgar Sánchez, José Antonio Dávila, Ángel Vivas Arias, Nela Ochoa, Sammy Cucher y Alexander Apóstol.

Omnipresencia de lo sagrado

Las obras reunidas en esta sección se remiten a símbolos e imágenes de la cultura religiosa, ya sea con un propósito devocional o crítico, aunque distantes del tratamiento tradicional de la iconografía sagrada. Las prédicas y el sacrificio de Cristo, el sincretismo popular y el artista como mártir ponen en diálogo los asuntos de la Fe y los del arte, oscilando entre la adhesión a un credo espiritual y la irreverencia laica. Ese amplio espectro de preocupaciones es abordado por Bárbaro Rivas, Rafaela Baroni, Elsa Morales, Francisco Bugallo, Ernesto Zalez, Oswaldo Vigas, Carlos Zerpa, Nelson Garrido y Antonio Lazo

Coda

La persistencia del discurso figurativo en sus distintas vertientes y posibilidades no obedece únicamente a un problema de forma, sino a la búsqueda continuada de estrategias expresivas que le otorguen un lugar a lo humano. A fin de cuentas, el sujeto sigue siendo una criatura inacabada, en proceso, que se expone a las mismas preguntas que en el principio, cuando batallaba en la niebla de lo desconocido. Esa es, por tanto, la clave que mantiene vigente el lenguaje figurativo.

Bibliografía:

Unamuno, M. (1983). Del sentimiento trágico de la vida . 1ra. Edición. Barcelona:
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Guasch, A.M. (2001). El arte último del siglo XX . Del postminimalismo a lo multicultural . Madrid: Alianza Editorial S.A.

MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE CARACAS SOFÍA IMBER. (S/F). Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber. Obras de su Colección . Caracas: Autor.

________________________ (1995). Recientes adquisiciones 1990 - 1994. Caracas: Autor.

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Pérez-Rincón, H. (Comp.) (1992). Imágenes del cuerpo . México D.F: Fondo de Cultura Económica, S.A.

Seuphor, M. (1970). El estilo y el grito . Caracas: Monte Ávila C.A.

Wallis, B. (Editor) (2001). Arte después de la modernidad. Nuevos planteamientos en torno a la representación . Madrid: Ediciones Akal, S.A.

Bajo esta denominación se distingue el trabajo de agrupaciones como COBRA (Francia, 1948-1952), El Paso (España, 1957-1960) y La otra figuración (Argentina,1960-1965), entre otras.

Este término comprende diversas proposiciones entre las cuales pueden citarse la Mala Pintura y la Pintura de la nueva imagen en los Estados Unidos (1978), la Trasvanguardia en Italia (1980), los Nuevos Salvajes en Alemania (1980) y la Figuración Libre en Francia (1985)